Dejar de comer grasa no le hará adelgazar

Aunque haya oído lo contrario, este elemento es necesario y puede tener menos que ver en el peso que los hidratos de carbono

Los torreznos, tan básicos en la dieta de Paquita Salas, son sinónimo de herejía nutricional. Así lo tenemos grabado en la mente: las grasas engordan. sin embargo, puede que no sean tan dañinas como creemos. De hecho, nuestro organismo las necesita y, según dos estudios publicados por The Lancet y por la Universidad de Harvard, contienen propiedades beneficiosas para nuestra dieta, .

El primero consistió en una prueba a más de 130.000 personas a lo largo de 18 países de todos los continentes, registrando su dieta través de un cuestionario. Las conclusiones fueron que aquellos con una alimentación baja en grasa tuvieron mayores problemas cardiovasculares que los que siguieron una baja en carbohidratos. En el segundo caso, se introdujo en un grupo al azar de 49.000 mujeres de entre 50 y 79 años una dieta baja en grasas. Los resultados: ninguna notó mejora de peso ni descendió el riesgo de cáncer de mama, rectal o problemas cardiacos. De hecho, en ambos casos, se determinó que el consumo de azúcares refinados era peor que el de lípidos.

“La grasa es la reserva energética más importante. Cuenta con nueve calorías por cada gramo. Metabólicamente es muy eficiente, ya que se necesitan muy pocas calorías para digerirla, absorberla y depositarla”, advierte Iva Marques, doctora en Fisiología y Alimentación y miembro de la Academia Española de Nutrición y Dietética, y añade que, además, “ayuda a sintetizar nutrientes esenciales como los ácidos grasos o vitaminas liposolubles A, K, D y E. Sirve para la constitución de las membranas de las células, para la protección térmica, como precursor de compuestos anticoagulantes o antiinflamatorios y para la absorción de vitaminas y su transporte por la sangre”.

No vale cualquier tipo de grasa

Dicho esto, y sin olvidar que entre un 25 y un 35% de la ingesta calórica diaria debe ser de grasas, conviene aclarar que su ingesta en grandes cantidades y en alimentos no recomendados puede ser perjudicial. Lo importante es matizar cuál es el tipo más adecuado y qué funciones tiene. Es decir, explica la experta, “establecer la diferencia entre las que alteran el metabolismo lipídico sanguíneo, provocando un aumento del colesterol total o de los triglicéridos, y los ácidos grasos poliinsaturados o monoinsaturados“.

Las primeras “son la base de enfermedades de elevada mortalidad y morbilidad, con dolencias cardiovasculares como la aterosclerosis, la trombosis, la diabetes o la artritis, y se encuentran en carnes grasas, derivados cárnicos grasos y productos procesados, incluyendo la bollería y pastelería”, continúa Marques.